Quien soy

Me pidieron que escribiera mi historia “trenzando” mi vida laboral con mis otras vidas.
La verdad es que “la tarea” era más simple: escribir lo que habíamos conversado, con mi coach, acerca de mi vida de Ingeniero en Informática y mi vida de Bailarina; trenzándolo e imprimiéndole humor.
Aquí va:
Desde niña mis primeros intereses fueron ser Profesora de Matemáticas y Bailarina de Ballet. Siempre fui muy ordenada y práctica; por lo que el estudiar para Profesora de Matemáticas fue rápidamente reemplazado por Licenciatura en Matemáticas (para poder hacer clases en la universidad y obtener un poco más de ingresos) y el ballet, que partió como clásico en básica terminó en contemporáneo (que no sólo es disciplinado y bello; sino creativo, emotivo y de expresión total).
Como bailarina de ballet clásico, siempre bailé al centro y adelante (por chica y “capa”). Con el paso de los años logré lo que para toda bailarina era la máxima aspiración: el baile de solista.
De allí al liceo para prepararse para ir a la universidad.
Fue en cuarto medio que una amiga me invitó a estudiar Computación y yo, que no sabía mucho del tema porque se trataba de una carrera relativamente nueva, leí las características del postulante y … ¡oh! … era yo.
Fue mi primera opción en las postulaciones y, como era “matea”, quedé. Mi amiga estudió ingeniería textil.
En la universidad, aparte de asistir a todas las clases, participé en cuánto curso electivo me permitía el horario (había que aprovechar el acceso a la universidad), entre ellos: Danza Contemporánea.
Como seguía siendo matea, obtuve una beca para trabajar en IBM por un año y pasar por todas sus áreas de informática: Operaciones, Producción, Desarrollo e Ingeniería. Cuando estaba por terminar, me ofrecieron trabajo en Desarrollo e Ingeniería (como externa, porque no estaban contratando de planta). Le pregunté a mi tutor qué me aconsejaba y me dijo: “quédate en Ingeniería, porque te van a llamar del Banco de Santiago”. ¡Plop! Yo ni siquiera había postulado. Ellos mismos se habían encargado de recomendarme y efectivamente en menos de un mes, luego de pasar todas las pruebas, ya era Ingeniero de Sistemas contratada en forma indefinida.
En el trabajo, a pesar de trabajar duro, con trasnoches y amanecidas (como buen informático), cuando los discos se caían por problemas con su ventilador y había que traer esas cintas de terror que nunca sabíamos si nos iban a devolver la información que habíamos guardado en ellas; me las ingenié para seguir bailando en los talleres de la Federación Cultural del Banco e incluso constituirme, por varios años, en Secretaria y Tesorera de la misma (cosas que también siempre hice en mi vida escolar y que he seguido haciendo en mi vida de madre y apoderada).
Hicimos varias presentaciones y, la gente siempre se sorprendía y casi no me reconocía cuando estaba en el escenario.
De ingeniero de sistemas pasé a administrador de sistemas, subrogante del Gerente de Producción, fui responsable de normas y seguridad informática, estuve a cargo de la gestión informática, de las adquisiciones de hardware y de su renovación e instalaciones en tiempos de fusión y estabilización de Bancos. Luego vino el temido año 2000 y fue mi encuentro con QA. Estuve a cargo, en mi Banco, de las pruebas integradas de la industria bancaria y de allí pasé a gestionar los ambientes y pruebas de un macro proyecto para luego institucionalizar esta función en una unidad organizativa que pasó por más de una dependencia. ¡Puf! Hasta yo me cansé con tanta pega. Pero no termina allí. Como la creatividad no para, se les ocurrió que sería bueno sacar del Banco al personal de desarrollo y tecnología. Fue entonces cuando nos trasladaron de empresa y tuve la oportunidad de participar en la implementación del nuevo modelo operativo y luego pude poner en práctica mi nuevecito curso de CMM (Capability Maturity Model), iniciando la peregrinación por el mundo de las certificaciones.
En mi vida personal me casé, me separé, me reencontré con mi amor de juventud y tenemos tres hijos preciosos: el mayor y unos gemelos.
Cuando el mayor era guagüita me acompañaba a mis clases de danza, lo retiraba de la Sala Cuna y lo acostaba en una colchoneta. Luego tuve que dejar la danza para cuidar a mis niños; pero cuando los gemelos cumplieron 3 años, incursioné en la Biodanza. No era para mí. Me gusta más el trabajo coreográfico.
En el colegio en que estaban, seguí con mi danza contemporánea participando en un taller en que bailábamos madres, apoderadas, profesoras y ex – alumnas. Hicimos varias presentaciones y cerré mi ciclo siendo la única “viejuja” que bailó en la presentación de fin de año del último año que mis niños estuvieron en ese colegio; y desde entonces (por casi dos años) no he vuelto a desempolvar mis zapatillas.
En el trabajo, después de participar en la ceremonia que premió mis 25 años de compromiso y fidelidad, fui desvinculada. Afortunadamente, el día anterior había tenido un presentimiento. Fue un “¡Uy! ¿y si me echan?” (Porque el rumor de la desvinculación masiva sonaba fuerte). Me dije a mí misma: “Dios mío, no voy a pedirte ni quedarme ni irme. Tú sabes lo qué es mejor para mí”. Al día siguiente mi supervisor tuvo que echarme. Lloró más él que yo.
Fue así como me fui formando en mis dos pasiones: la ingeniería y la danza. Aunque la otra, la educación, a la cual creía rezagada; me doy cuenta que también me ha acompañado siempre.
Desde pequeña mis ansias de saber y compartir conocimiento se manifestaron en estudiar sistemáticamente y en nunca tapar las pruebas. No sabía “soplar”, pero no me molestaba que me copiaran. Como no tenía recursos para fotocopias, desarrollé la habilidad de leer y copiar todo lo que exponían y hablaban los maestros. Mis cuadernos fueron siempre los más fotocopiados por mis compañeros y mis resúmenes siempre estuvieron disponibles para quien los precisara.
La vida me regaló encontrarme con aquel tutor de IBM que ahora es Gerente General de una empresa y me contrató. Al cabo de nueve meses, me dio el impulso para iniciar “mi emprendimientito”. Y en eso estoy: estudiando, ensayando y dando los primeros pasos en un naciente Organismo Técnico de Capacitación (OTEC).
Muchas cosas aprendí y muchas cosas he enseñado; que es precisamente lo que me motiva a crear este blog; un espacio para compartir: conocimientos, vivencias, emociones y otros.