jueves, 28 de enero de 2016

Tolerancia, Aceptación, Valoración


Tres palabras que evidencian el nivel de evolución respecto de la diversidad.

Confieso que en algunos aspectos me encuentro tolerando, en otros aceptando y en otros valorando; pero es el camino que debemos seguir para alcanzar un mayor nivel de madurez personal y social en este aspecto.

Como aprendimos en la Escuela de Dirigentes Sociales, las causas de discriminación son variadas; y obedecen no sólo  al momento cultural en que nos encontramos, sino a nuestras raíces familiares y ancestrales más profundas.
Con mi hermano Jaime (kinesiólogo holístico), he aprendido también que se manifiestan incluso a nivel físico, químico y emocional en nuestros organismos.
Es por ello que debe ser un proceso consciente de cambio, al que hay que dedicarse día a día; para romper nuestras barreras, nuestros miedos a lo desconocido y estar dispuestos a cuestionar todo aquello que, hasta ahora, habíamos considerado como válido.
Paso a paso vamos mejorando en nuestra discriminación social, étnica, racial, de género y tantas otras que tenemos internalizadas. Mejorando porque nos vamos abriendo a entender que existen otras realidades y personas que, como dice Maturana, observan desde otras perspectivas; las cuales, al conocerlas y reconocerlas no abren un abanico de nuevas posibilidades.
Los invito a revisar sus propios marcos de referencia y a trabajarse en la apertura; para reconocer al otro, como un legítimo otro; a trabajar la empatía y buscar nuevas formas de asociación y colaboración.
En Fundación Eres estamos trabajando en cambiar el paradigma de “pobrecito” cuando nos referimos a una persona en situación de discapacidad. Son simplemente personas, con algunas distinciones y que requieren de algunos apoyos para entregar sus potencialidades a nuestra comunidad.

Atrévanse a pensar distinto; atrévanse a tolerar, aceptar y valorar.

sábado, 9 de enero de 2016

Fragilidad

Iniciando el año me encuentro con un evento inesperado.
Mi hijo Augusto tiene un fuerte dolor que nos hace ir a Urgencia y oh!... apendicitis.
Operación, post operación y afortunadamente ya está de vuelta en casa.
Pero me hizo recordar el evento de hace 7 años, en que su hermano gemelo, durante las vacaciones, también tuvo que ser operado.
No lo viví igual, por cierto; porque ahora ya contaba con la experiencia. Sin embargo no puedo dejar de reflexionar al respecto.
En ambas ocasiones me quedé sola en la sala de espera mientras se realizaba la operación.
La primera vez tuve que firmar todos los papeles que me advertían de los riesgos de la anestesia y la operación; esta vez el mismo paciente tuvo que dar las autorizaciones.
Confieso que sufrí menos, porque dentro de lo malo fue lo menos malo. Se extirpa y ya. Ahora con otro procedimiento quirúrgico.
Se avanza.
Me hace dar gracias porque todo salió bien y porque de nuevo es un llamado de atención para recordar nuestra fragilidad y, valorar y celebrar la vida.

Sí, el simple hecho de vivir.

¡Viva la vida!