sábado, 9 de enero de 2016

Fragilidad

Iniciando el año me encuentro con un evento inesperado.
Mi hijo Augusto tiene un fuerte dolor que nos hace ir a Urgencia y oh!... apendicitis.
Operación, post operación y afortunadamente ya está de vuelta en casa.
Pero me hizo recordar el evento de hace 7 años, en que su hermano gemelo, durante las vacaciones, también tuvo que ser operado.
No lo viví igual, por cierto; porque ahora ya contaba con la experiencia. Sin embargo no puedo dejar de reflexionar al respecto.
En ambas ocasiones me quedé sola en la sala de espera mientras se realizaba la operación.
La primera vez tuve que firmar todos los papeles que me advertían de los riesgos de la anestesia y la operación; esta vez el mismo paciente tuvo que dar las autorizaciones.
Confieso que sufrí menos, porque dentro de lo malo fue lo menos malo. Se extirpa y ya. Ahora con otro procedimiento quirúrgico.
Se avanza.
Me hace dar gracias porque todo salió bien y porque de nuevo es un llamado de atención para recordar nuestra fragilidad y, valorar y celebrar la vida.

Sí, el simple hecho de vivir.

¡Viva la vida!

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