viernes, 12 de octubre de 2012

Escribiendo


Fue al terminar el sexto básico que nos hicieron el más lindo regalo: Un Diario de Vida.
Sí, de esos de colores con candadito. A mí me tocó el de mi color  favorito: verde obscuro.
En él comencé a escribir de “mis amores” (los niños y artistas que me gustaban), mis dolores y mis alegrías.
Desde muy pequeña me gustaban los cuadernos, y me gustaba escribir.
Aún recuerdo lo feliz que me sentía haciendo mis caligrafías en Kinder; en los cuadernos especiales, agregando líneas con dibujitos; y, más tarde, la copia diaria que hacía, del libro de lecturas, en mi cuaderno de Castellano (antes no se llamaba Lenguaje).
En el “Diario”, realmente no escribía a diario; pero sí con cierta frecuencia.
Siempre me preguntaba “¿para quién escribo?”, si un Diario de Vida se supone que es algo secreto, muy íntimo; sin embargo me encantaba escribir y reflexionar sobre todo lo que me emocionaba.
A veces guardaba algún recorte o recuerdo en sus páginas.
Por cierto, no me duró mucho; pero seguí escribiendo en todo tipo de cuadernos y libretitas que me regalaban o que me construía mi papá.
En los tiempos de la serie Robotech, que veíamos con mi hermano menor (Mario); me causó mucha risa el capítulo en que se está desmoronando la ciudad, pero Lynn Minmay vuelve a casa a buscar su Diario. Nos reíamos con mi hermano, porque si yo hubiese tenido que volver a buscar  mi Diario, tendría que haber llevado un carro de arrastre para trasladar el montón de cuadernos y libretitas que lo conformaban.
En el colegio nos dictaban la materia o tomábamos apuntes; los míos fueron siempre los mejores, ordenados y con buena letra (algo que con el tiempo he ido descuidando). Hasta en la universidad, mis apuntes fueron los más fotocopiados (me decían que escribía hasta los suspiros de los profes). Claro, yo no tenía plata para fotocopias, así que había que desarrollar otras habilidades. Por otra parte, nunca se me ocurrió venderlos.
En mi vida laboral, no se pueden imaginar la cantidad de informes, minutas y procedimientos que me ha tocado escribir. Tampoco todo lo que he escrito como secretaria y tesorera de cuanto organismo en el que se me ocurre participar (de los cursos de mis hijos, con mis colegas, con mi familia) y, por supuesto todo lo que escribo para participar en concursos o sólo por el gusto de escribir.
Tuve amigos por correspondencia (era la forma de conectarse con gente de otros lugares, antes que existiera el teléfono), era una maestra para escribir tarjetas de saludos y, donde pude, siempre me hice cargo del Diario Mural.
Más tarde el correo electrónico vino a ocupar un lugar relevante en mi vida y, con otros, compartí y comparto en agrupaciones por temas de interés, talleres literarios y cosas divertidas.
Hoy, entre los de mi generación, me siento vanguardista porque tengo mi blog, estoy en Facebook y estoy descubriendo las bondades del Twitter y LinkedIn. Además, en Telvent Chile, incorporé el Blog institucional y me defino como un apoyo a las comunicaciones internas.
No sé en qué nuevas tecnologías me encontraré escribiendo más adelante, recién estoy incorporando mi Ipad; pero lo que sí estoy cierta es que encontraré la forma de seguir escribiendo, para seguir compartiendo.

4 comentarios:

  1. Sigue escribiendo que leerte es un deleite.

    ResponderEliminar
  2. Nací en Curicó. Una ciudad de la séptima región de mi país: Chile. Actualmente vivo en Santiago de Chile.

    ResponderEliminar