jueves, 28 de octubre de 2010

Tejiendo redes

Hace tiempo fui parte del directorio de una Corporación Educacional y Cultural. A través de ella, realizamos varias iniciativas; pero la que más me gustó fue aquella en la que fuimos armando un proyecto que concluyó con una presentación de danza para los niños de varios colegios y de un campamento.
Como Corporación fuimos auspiciadores de un grupo de danza que rescata las raíces mapuches.
Este grupo; liderado por una colega (también ingeniero en computación) y en que participan su esposo (mapuche), su hermana y otros amigos; ganó el premio CONADI el 2007 y tenía que realizar presentaciones gratuitas a la comunidad.
En la empresa en que ambas trabajábamos, existía un compromiso de ayuda a uno de los campamentos de Un Techo para Chile. Además de varias actividades que se realizaron para recaudar fondos para construir las mediaguas y  hacerles regalos a los niños para Navidad; con el equipo encargado organizamos que los niños del campamente fueran a ver la presentación de este grupo de danza en un colegio, acompañados por los jóvenes voluntarios de Un Techo para Chile que se ocuparon de transportarlos y cuidarlos en el paseo.
La presentación “Los cuatro guardianes de la tierra” fue así realizada en el colegio donde trabajaba otra integrante del directorio de la Corporación.
Ella también gestionó, a través de su colegio y del Programa PROTEGE, la asistencia de alumnos de otros colegios de la comuna.
Fue maravilloso como uniendo voluntades se logró realizar esta actividad de crecimiento y enriquecimiento para todos.

El caso de la Parvularia

Reflexionando sobre el bullado caso de la parvularia; me doy cuenta que en otra etapa de mi vida habría sido lapidaria con ella. Como profesional, como mamá y como mujer.
Sin embargo; hoy, que he tenido evidencia de muchos “olvidos involuntarios” de parte de algunos colegas informáticos; me parece que este hecho nos debe hacer reflexionar a todos en muchos aspectos.
Una  jefe de proyecto que se va a reunión a otro edificio y que “olvida” su cartera sobre el escritorio.
Un consultor que, ensimismado en “la pega”, se va de su casa y “olvida” cerrar la puerta. Su esposa lo llama después para decirle que pare.
Un ingeniero que, apurado por llegar al trabajo, sube al auto y “olvida” a su pequeño hijo escolar, dejándolo parado en la vereda, con su mochila a la espalda, ya que no alcanzó a subir al auto.
Todo esto recientemente.
Una reflexión sobre “el estorbo” que resulta para algunos tener hijos; ya que les impiden trabajar como se espera que lo hagan o divertirse como se han propuesto.
Es que el mundo está loco.
Recuerdo a Mafalda, con su frase: “¡Paren al mundo que me quiero bajar!”.
¡Paren!
Paremos.
Observémonos.
¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas?
¿Qué estamos haciendo con nuestros hijos?
¿Por qué esos padres “no tienen tiempo” para llevar a sus hijos ¡al Jardín!?
Es que todos estamos “tan ocupados”; como decía y repetía Coco Legrand en su última rutina en Viña del Mar.
No quiero creer que hubo maldad o maltrato contra el pequeño. Porque eso sí que sería una locura más loca.
Igual, la mujer tendrá el resto de la vida para llevarlo en su conciencia.
Y nosotros; cómplices, que observamos y dejamos que todo esto pase; también. 

Poderoso software libre para desarrollar proyectos: SCRATCH

Le conocí el año pasado, cuando asistí a una de las charlas de las Jornadas de Sofware Libre.
Elegí esa charla debido a que tenía que ver con desarrollar habilidades en los educandos; tema que desde siempre me ha motivado.
Me sorprendí gratamente con esto de las comunidades de software libre, a las cuales algunos de mis nuevos colegas de esa época estaban adheridos y comprometidos “ a concho”, siendo incluso líderes, acá en Chile, de algunos grupos de desarrollo.
Como siempre, tomé nota de todo lo que dijeron y lo enganché para apoyar un piloto en un colegio. Lamentablemente éste no siguió adelante; pero, la semana pasada, me dio gusto ver en el programa “Informe Especial”, cómo SCRATCH ayudaba no sólo a los alumnos sino también a los profesores a acercarse a las nuevas tecnologías.
Una profesora que planteaba que para educar bastaba con pizarra y plumón o papel y lápiz concluía que las nuevas tecnologías también deben ser parte de la educación.
Y no sólo eso, yo agrego también el trabajo colaborativo.
Si quieren saber más, vean: scratch.mit.edu

jueves, 21 de octubre de 2010

Encuentro con Vittorio Marisio

Asistí al Seminario de la SOFOFA: Educación, Resiliencia y Liderazgo. Auspiciado por la Fundación Luz.
Uno de los expositores o panelistas, fue don Vittorio Marisio. ¡Sí! El de los enchufes Marisio. “El rey del enchufe” como se autodenominó y se autodeterminó hace mucho tiempo.
Durante el coffee break lo abordé y le pedí una entrevista. No tenía idea de qué íbamos a hablar; pero sabía que él me diría cosas sabias.
Por celular coordinamos vernos y me regaló unos minutos de su precioso tiempo.
En la presentación, en el seminario, habló de su vida y la fue enlazando con las actividades en torno a la educación y al apoyo a personas con alguna discapacidad.
Varias cosas llamaron mi atención y por eso me atreví a entrevistarlo: El deseo de ser el mejor, el prepararse, el estar al día, el ser exigente y el ser generoso.
A Chile le falta ciencia, decía. Tener ciencia y tener tecnología. Pero para tener algo hay que definirse y preparase para ello.
Le conté en qué estaba y él me invitó a “abrir la mente”.
Me dijo lo siguiente:
1.- Haga lo que Ud. sabe hacer. Aquello en lo que es buena aquí y en cualquier parte. Aquello que la distingue.
2.-Elija su equipo de trabajo. Y me dio varios ejemplos de decisiones que él había tenido que tomar para reconfigurarlo cada vez que fue necesario.
3.- Infórmese qué y cómo lo están haciendo en otras partes. Analice la competencia y busque su factor diferenciador. Esté al día con las innovaciones. (Aggiornarse).
Suena muy simple, porque la sabiduría es simple.
La ejemplificaba con su propio diseño de interruptor. Tres piezas, después de haber tenido muchas. 40 años le tomó llegar a eso. “¡Tan simple! ¿Por qué no se me ocurrió antes?”, decía. Pues, porque tenía que recorrer todo lo que recorrió para darse cuenta.
También me habló de la Ética; y que ése era el gran tema que se debe re-instalar en la educación de niños, jóvenes y adultos (padres, apoderados y empleados).
Me dio muchas ideas, que estoy comenzando a desarrollar.
Como siempre me digo: “Uno elige sus maestros”.
Por algo lo abordé. Para que me dijera y guiara en lo que tengo que hacer.
Y como siempre pienso: “Lo que recibí no es sólo para mí, es para compartirlo”.
Por eso está aquí, para que lo lean todos y le haga sentido al que lo necesite.

Un proceso de Certificación CMM

Fue en el plan de un año cualquiera; que una organización decidió certificarse CMM (Capability Maturity Model).
Muchos vivieron ese proceso con intensidad y, sin lugar a dudas, en todos dejó huellas de todo tipo.
Primero: Lo bueno. Fue exitoso. La organización se certificó. Honores y premios.
Segundo: El lado oscuro de todo proceso de cambio: gente que no cree, gente que no entiende, gente que no hace y gente que atornilla al revés.
La convicción estaba instalada. La certificación debía ser obtenida sí o sí.
La experiencia indicaba que era posible. Ya se había pasado por otras y se confiaba en el nivel de madurez de la organización; que es precisamente lo que esta evaluación mide.
Mucho trabajo, mucha preparación, mucha motivación; pero también mucha resistencia.
Toda la organización volcada para lograr este objetivo.
Objetivo que, aún no se entiende, por qué el cliente nunca comprendió.
Tal vez porque desde dentro, las voces disidentes eran poderosas y porque se intuía que no era una real transformación.
El equipo responsable y los más directamente involucrados trabajaron con ahínco y el equipo evaluador no tuvo más que dictaminar que se cumplía con la implementación de las buenas prácticas.
A poco andar se pudo observar que aun cuando los procesos de capacitación se realizaron; la gente no integró y no se provocaron los cambios esperados. Y, como con la delincuencia, en lugar de atacar las causas, se culpa a la falta de policías para controlar; en la organización se comenzó a culpar al equipo que medía la calidad que ésta no estuviera presente.
Se optó por la vía de la coerción, más que por la vía del convencimiento. Todo se escalaba a gerencia y luego todo requería una excepción; que algunos gerentes siempre estaban dispuestos a otorgar.
Se llegó a la falacia de ofrecer los servicios “con CMM” o “sin CMM”; como si la implementación de las buenas prácticas fuera algo opcional.
Todo esto dejó una organización dañada y resentida contra “El Proceso”.
Sin embargo, hubo un antes y un después en los procesos de capacitación y de acompañamiento. Un agente de cambio que con mucho conocimiento, paciencia, empatía y cariño; logró conmover y acompañar en el hacer para que algunas personas realmente integraran aquellas prácticas que habían visto lejanas y casi inalcanzables. Esto y la visión de algunos que rescataron la esencia del modelo y que realmente lo comprendieron, hoy tienen desempeños de excelencia e incluso han alcanzado mejores posiciones en ésta y otras empresas.
Cuestión de madurez. Por supuesto. Cuestión de madurez. La cual no se consigue con una ordenanza ni con obediencia, sino ejerciendo el autocontrol.
No basta con recitar la metodología, esta debe ser parte del día a día y un soporte para la gestión. Además, debe ser continuamente actualizada para reflejar los cambios en las funciones, la estructura, el método y las herramientas.
La calidad se alcanza sólo si toda la línea productiva está en ello.
Las prácticas están implementadas cuando cada uno las realiza porque está convencido de ellas y porque realmente entiende que le agregan valor.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Los Mineros

La noticia ha recorrido el mundo y no podía dejar de hablar de ellos.
Yo, que soy una de las que había perdido la esperanza, que pensaba que estaban muertos y que sentía que “el montaje” del gobierno era vergonzoso.
¡Qué iban a invertir en sacarlos! Si para muchos eran un montón de “picantes”.
Una sonda exploratoria para salvar las conciencias y después decir que se hizo lo posible, pero que no había señales de vida … Se da por terminada la búsqueda, los entregamos a las manos de la madre tierra y de Dios.
Pero quiso la providencia que la sonda se desviara y llegara al famoso refugio (al cual no le tenía ninguna fe, luego de ver todas las “debilidades” de seguridad que tenía la mina) y ¡oh sorpresa!: Todos vivos. Todos bien.
No importa que el papelito haya sido escrito afuera. Lo importante es que están vivos y están bien.
Mis alabanzas a las familias que resistieron y empujaron a nunca abandonar la búsqueda.
Por la televisión vi salir al primer minero. Lo vimos con toda la familia.
Mis hijos me comentaban que la noticia era equivalente a lo que nosotros (sus papás) vivimos cuando el hombre pisó la luna; y no se fueron a acostar hasta que de la tierra emergió el primer hombre sobreviviente.
Estoy feliz, como todos, que se hayan dado así las cosas. Que una vez más Chile esté en las pantallas por su resiliencia; su capacidad de salir adelante a pesar de la adversidad.
Pero no estoy tan feliz cuando recuerdo las causas que dejaron a esta gente enterrada tanto tiempo. Cuando recuerdo las precarias condiciones en que se desenvuelven día a día, a pesar de ser gente más preparada de lo que muchos imaginábamos.
También en eso se nota que nos falta mucho por hacer. No sólo saber que las cosas no se hacen como se espera que se hagan, sino actuar en consecuencia.
Prevenir. Bendita palabra, tantas veces olvidada.
Escuchar las demandas y satisfacerlas.
Ya vimos que recursos hay; pero a veces están mal utilizados.
La rentabilidad no se logra robando o malversando; se logra cuando el dinero está al servicio de la gente y no la gente al servicio del dinero.

jueves, 14 de octubre de 2010

Las viudas de Michael Jackson

Nos reunimos con un par de amigas para ver la película “This is it”. Dos por segunda vez y una por primera vez.
Volví a disfrutar y emocionarme; además de ver el material adicional de los bailarines, por primera vez.
“Son totales”, nos dijo un amigo, que llamó por celular en ese momento; y, lo cierto, es que así nos sentíamos viendo a este tremendo talento; disfrutando su entrega y cómo, generosamente, hacía que quienes lo acompañaban (su extensión) dieran lo mejor de sí en un espectáculo memorable.
Espectáculo que no llegó a presentarse, pero que a través de la película se ha inmortalizado.
Bailar, tocar, cantar y trabajar con Michael Jackson. ¿Qué más se puede pedir?
Y para esta bailarina, que comienza a dar sus primeros pasos en su blog de marca personal, qué mejor inspiración que decirles: This is it … Heal de world … I’ll be there.

Mi Historia

Me pidieron que escribiera mi historia “trenzando” mi vida laboral con mis otras vidas.
La verdad es que “la tarea” era más simple: escribir lo que habíamos conversado, con mi coach, acerca de mi vida de Ingeniero en Informática y mi vida de Bailarina; trenzándolo e imprimiéndole humor.
Aquí va:
Desde niña mis primeros intereses fueron ser Profesora de Matemáticas y Bailarina de Ballet. Siempre fui muy ordenada y práctica; por lo que el estudiar para Profesora de Matemáticas fue rápidamente reemplazado por Licenciatura en Matemáticas (para poder hacer clases en la universidad y obtener un poco más de ingresos) y el ballet, que partió como clásico en básica terminó en contemporáneo (que no sólo es disciplinado y bello; sino creativo, emotivo y de expresión total).
Como bailarina de ballet clásico, siempre bailé al centro y adelante (por chica y “capa”). Con el paso de los años logré lo que para toda bailarina era la máxima aspiración: el baile de solista.
De allí al liceo para prepararse para ir a la universidad.
Fue en cuarto medio que una amiga me invitó a estudiar Computación y yo, que no sabía mucho del tema porque se trataba de una carrera relativamente nueva, leí las características del postulante y … ¡oh! … era yo.
Fue mi primera opción en las postulaciones y, como era “matea”, quedé. Mi amiga estudió ingeniería textil.
En la universidad, aparte de asistir a todas las clases, participé en cuánto curso electivo me permitía el horario (había que aprovechar el acceso a la universidad), entre ellos: Danza Contemporánea.
Como seguía siendo matea, obtuve una beca para trabajar en IBM por un año y pasar por todas sus áreas de informática: Operaciones, Producción, Desarrollo e Ingeniería. Cuando estaba por terminar, me ofrecieron trabajo en Desarrollo e Ingeniería (como externa, porque no estaban contratando de planta). Le pregunté a mi tutor qué me aconsejaba y me dijo: “quédate en Ingeniería, porque te van a llamar del Banco de Santiago”. ¡Plop! Yo ni siquiera había postulado. Ellos mismos se habían encargado de recomendarme y efectivamente en menos de un mes, luego de pasar todas las pruebas, ya era Ingeniero de Sistemas contratada en forma indefinida.
En el trabajo, a pesar de trabajar duro, con trasnoches y amanecidas (como buen informático), cuando los discos se caían por problemas con su ventilador y había que traer esas cintas de terror que nunca sabíamos si nos iban a devolver la información que habíamos guardado en ellas; me las ingenié para seguir bailando en los talleres de la Federación Cultural del Banco e incluso constituirme, por varios años, en Secretaria y Tesorera de la misma (cosas que también siempre hice en mi vida escolar y que he seguido haciendo en mi vida de madre y apoderada).
Hicimos varias presentaciones y, la gente siempre se sorprendía y casi no me reconocía cuando estaba en el escenario.
De ingeniero de sistemas pasé a administrador de sistemas, subrogante del Gerente de Producción, fui responsable de normas y seguridad informática, estuve a cargo de la gestión informática, de las adquisiciones de hardware y de su renovación e instalaciones en tiempos de fusión y estabilización de Bancos. Luego vino el temido año 2000 y fue mi encuentro con QA. Estuve a cargo, en mi Banco, de las pruebas integradas de la industria bancaria y de allí pasé a gestionar los ambientes y pruebas de un macro proyecto para luego institucionalizar esta función en una unidad organizativa que pasó por más de una dependencia. ¡Puf! Hasta yo me cansé con tanta pega. Pero no termina allí. Como la creatividad no para, se les ocurrió que sería bueno sacar del Banco al personal de desarrollo y tecnología. Fue entonces cuando nos trasladaron de empresa y tuve la oportunidad de participar en la implementación del nuevo modelo operativo y luego pude poner en práctica mi nuevecito curso de CMM (Capability Maturity Model), iniciando la peregrinación por el mundo de las certificaciones.
En mi vida personal me casé, me separé, me reencontré con mi amor de juventud y tenemos tres hijos preciosos: el mayor y unos gemelos.
Cuando el mayor era guagüita me acompañaba a mis clases de danza, lo retiraba de la Sala Cuna y lo acostaba en una colchoneta. Luego tuve que dejar la danza para cuidar a mis niños; pero cuando los gemelos cumplieron 3 años, incursioné en la Biodanza. No era para mí. Me gusta más el trabajo coreográfico.
En el colegio en que estaban, seguí con mi danza contemporánea participando en un taller en que bailábamos madres, apoderadas, profesoras y ex – alumnas. Hicimos varias presentaciones y cerré mi ciclo siendo la única “viejuja” que bailó en la presentación de fin de año del último año que mis niños estuvieron en ese colegio; y desde entonces (por casi dos años) no he vuelto a desempolvar mis zapatillas.
En el trabajo, después de participar en la ceremonia que premió mis 25 años de compromiso y fidelidad, fui desvinculada. Afortunadamente, el día anterior había tenido un presentimiento. Fue un “¡Uy! ¿y si me echan?” (Porque el rumor de la desvinculación masiva sonaba fuerte). Me dije a mí misma: “Dios mío, no voy a pedirte ni quedarme ni irme. Tú sabes lo qué es mejor para mí”. Al día siguiente mi supervisor tuvo que echarme. Lloró más él que yo.
Fue así como me fui formando en mis dos pasiones: la ingeniería y la danza. Aunque la otra, la educación, a la cual creía rezagada; me doy cuenta que también me ha acompañado siempre.
Desde pequeña mis ansias de saber y compartir conocimiento se manifestaron en estudiar sistemáticamente y en nunca tapar las pruebas. No sabía “soplar”, pero no me molestaba que me copiaran. Como no tenía recursos para fotocopias, desarrollé la habilidad de leer y copiar todo lo que exponían y hablaban los maestros. Mis cuadernos fueron siempre los más fotocopiados por mis compañeros y mis resúmenes siempre estuvieron disponibles para quien los precisara.
La vida me regaló encontrarme con aquel tutor de IBM que ahora es Gerente General de una empresa y me contrató. Al cabo de nueve meses, me dio el impulso para iniciar “mi emprendimientito”. Y en eso estoy: estudiando, ensayando y dando los primeros pasos en un naciente Organismo Técnico de Capacitación (OTEC).
Muchas cosas aprendí y muchas cosas he enseñado; que es precisamente lo que me motiva a crear este blog; un espacio para compartir: conocimientos, vivencias, emociones y otros.